martes, 8 de febrero de 2011

Abre las ventanas

Abre las ventanas, ventila tu corazón. Sal a la vida y coge las riendas de tu destino. Ya está bien de ser la mujer que todo el mundo quiere que seas. Ya te cansa eso de ir de casa a la oficina y de la oficina a casa y de vez en cuando, consolarte con salir con las amigas a tomarte un par de copas a ese local tan de moda, tan llenos de babosos, de guaperas de gimnasio. Ya está bien de pensar en el que dirán, de hacer dietas para gustarle a todos menos a ti. Grita que hasta aquí hemos llegado y rebélate. Rebélate contra esta puta sociedad machista que te impide disfrutar plenamente de la vida porque estás pendiente de todo el mundo menos de ti. Ríete en voz alta, no te maquilles más que lo justo, toma el primer avión y haz ese viaje que siempre has querido hacer, que la vida es muy puta y cualquier día te darás cuenta que se han ido los mejores años de tu vida y te has perdido muchas cosas sólo por pensar en el que dirán.
Abre las ventanas y mira por ellas. Tienes todo un mundo de posibilidades ahí fuera. Si tu vida es gris, que no se te olvide que eres tú la que tiene la paleta para llenarla de color. Desperézate, alza la vista y camina con la cabeza alta y con paso firme. Olvídate de los balances, de los informes, del runrún de los ordenadores, del compañero que te mira el culo cuando pasas a su lado. Si esta ciudad te consume, lárgate de aquí. Echa raíces en otro lado. No pasa nada por empezar de cero.
Abre las ventanas y observa el cielo. Sobre ese manto gris ceniza, aunque ahora no lo veas, está azul. Aunque todo sea una mierda, que no seré yo el que te lo niegue, todo puede cambiar. Siempre queda esperanza, sólo hay que tener un poquito de voluntad para cambiar las cosas. Que si, que vale, que Édith Piaf no tenía ni puta idea de lo que decía y la vida no es color rosa. Pero que nunca se te olvide: tú tienes la fuerza suficiente para darle la vuelta a la partida. En tu mano está el poder así que a qué estás esperando. Pégale un bocado a la vida, retuércele el cuello, exprime cada segundo como si fuera el último porque para lamentarte por todo lo que nunca hiciste siempre hay tiempo.
Puede que por el paso del tiempo no puedas abrir esas ventanas. Puede que los postigos estén oxidados por el desuso. Para eso, si tú quieres, te presto mis manos. Para ayudarte a darle aire a tu vida... ¿Lo intentamos?

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