sábado, 19 de febrero de 2011

Nunca escribiría sobre ti

Ya he perdido la cuenta de la veces que me has pedido que escriba algo sobre ti. Un cuento, una canción o un poema. Créeme, nada me gustaría más pero no es fácil. Te juro que a veces, me he sentado delante de una hoja en blanco y he tratado de hacerlo pero no me sale nada. No encuentro las palabras exactas para describirte y mira que te tengo a fuego grabada. Podría contar como te imagino en la intimidad de tu piso, cuando nadie te ve: tomándote un ron, sola, con algo de Brel sonando de fondo. Pongamos que Vesoul, Mathilde o Amsterdam. De esta última supongo que odiarás, como yo lo hago, la versión que hizo David Bowie. En fin, que te imagino quitándote las gafas, con la vista cansada y con un libro en tu regazo, donde una flor seca te sirve de marcapáginas. A veces creo que lees a Stendhal otras veces pienso que eres más de Proust. Quizás me equivoque, pero te imagino frágil e indefensa, como el silencio de madrugada.
El problema de escribir algo sobre ti es que, seguramente, diría muchas más cosas de las que deberías saber. Como por ejemplo que me encanta mirarte sin que te des cuenta. Que llevo cada uno de tus gestos tatuado en mis pupilas o que planeo mil estrategias distintas cada día para poder cruzarme contigo. También que tú eres lo que llena mis dudas. Me he preguntado muchas veces por tus sueños, por tus fracasos, por lo que esperas de la vida. Aunque, lo que realmente me quita el sueño son otras cosas: Cómo será tu olor cuando estés recién salida de la ducha y no huelas a nada. Cómo suenan los buenos días en tu boca en las mañana con resaca. Me matan las ganas de saber cómo te desnudarás, si empiezas primero por soltarte el pelo y luego la blusa o si primero te descalzas y te quitas las medias. Ardo en la hoguera de la incertidumbre por saber a qué sabe tu boca. Tu boca que por cierto, nunca te lo he dicho, pero me parece un tajo de navaja afilada que sangra cada vez que te ríes. Me gusta tu boca. También me gusta tu aire de chica tímida aunque no me lo crea. Me gustan tus lunares, todos y cada uno de ellos. Los de tu cara y los que imagino que no se te ven, los que ocultas, la secreta constelación de tu espalda. Me gustan las olas de tu pelo negro, como un negro crespón de muerte.
Si escribiera algo sobre ti, al final me pondría cursi y empalagoso y acabaría contándote que me pongo nervioso como un puto quinceañero si te sientas a mi lado. Que la ginebra se vuelve dulce cuando bebo contigo. Que tus enormes ojos oscuros y tu forma de mirar me acojonan y me hacen sentirme pequeño y vulnerable. Que es muy fácil cantar cuando tu estás cerca del escenario y que si no estás te invento. Que maldigo a tu novio y me maldigo a mí mismo por mi falta de valor para acercarme a ti y susurrarte al oído que te escapes conmigo de esta puta ciudad de mierda que ya no nos ofrece nada a ninguno de los dos.
Por esos motivos, entre otros, espero que entiendas que nunca podría escribirte nada. Ni un cuento, ni una canción, ni un poema, ni un texto en este blog.

1 comentario:

  1. Un texto delicioso...
    Ya sé que hay algo que nunca podría pedirte.

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