miércoles, 25 de julio de 2012

Hijos de puta

Hijos de puta. No tenéis otro nombre. Por vuestra culpa, por vuestra grandísima culpa, hoy no voy a escribir sobre ninguna mujer. Hoy no voy a contar nada de madrugadas eternas ni de soledades. Esta vez no habrá ron, ni ginebra, ni vino tinto, ni recuerdos. Por un día no voy a contar nada de habitaciones de hoteles de carretera. En esta ocasión no habrá personajes arrabaleros ni tipos solitarios que echan de menos a una mujer. Por vuestra culpa hoy os voy a dedicar esto que no es más que mi forma de escupiros a la cara. Estas son mis armas, desgraciadamente no tengo otras, aunque lo reconozco: a veces me gustaría volver a tener entre mis manos un CETME o un HK o una M-82 de 9 mm o una MG. En ocasiones me gustaría volver a tener cualquier cosa que vomite fuego y muerte para empezar a poner las cosas en su sitio. Pero luego, me fumo un cigarro, me relajo y pienso que ni siquiera con la muerte pagaríais por todo lo que estáis haciendo.
Sois unos miserables hijos de puta. Vosotros, que gobernáis este pueblo que no os merecéis, este pueblo que calla y traga. Vosotros sois indignos de este pueblo noble, este pueblo que buen vasallo sería si tuviese buen señor. Vosotros, que me habéis robado, destrozado y aniquilado a mi y a mi gente nuestro presente y nuestro futuro. Y con mi gente no me refiero sólo a los jóvenes de mi generación. Mi gente son todos los parados y los obreros. Mi gente son todos los pescadores y todos los jornaleros y todos los mineros. Mi gente son todas las amas de casa y todos los jubilados. Mi gente, hijos de puta, son todos los padres de familia que sufren por ver a sus hijos sufrir, por ejemplo, por no poder independizarse a pesar de haberse pasado toda la vida estudiando y preparándose hasta llegar a ser una generación la hostia de preparada. Pero a vosotros eso os la suda. Vosotros no os paráis a pensar en nada que vaya más allá de vuestros intereses y si lo hacéis es para decir, como esa imbécil e inconsciente de Fabra, que nos jodan.
Pero no os culpo sólo a vosotros, ineptos políticos de este país de uno y otro bando, también son iguales de hijos de puta que vosotros, por ejemplo, lo banqueros. Esos buitres capaces de darle a un equipo de fútbol noventa millones de euros para que fiche a un jugador/modelo/chulo de playa y luego, ese mismo banco, esos mismos banqueros, son capaces de quitarle a una familia su casa por no poder hacer frente a cuatro puercas letras de la hipoteca. Decidme si no hay que ser hijo de puta. También (hoy vengo combativo) tengo para los empresarios. Esos empresarios que se están frotando las manos porque saben que ahora mismo tienen a los trabajadores cogidos por los huevos y que estos tienen que tragar con lo que sea si quieren conservar el trabajo y se aprovechan sumándoles horas laborales, bajando sueldos, en definitiva: empeorando sus condiciones laborales. También la Iglesia. Ese reducto de hombres buenos, bondadosos y piadosos que, dicen, dan de comer al hambriento y de beber al sediento, pero que callan como putas ensotanadas ante todas las atrocidades que se están cometiendo y sin embargo hace cuatro años, fletaron autobuses desde todos los puntos de España para ir a manifestaciones contra el matrimonio gay y contra la ley del aborto. Pero, ¿Y los sindicatos? ¿Dónde estaban todos esos vividores cuando esto empezó a joderse? Esos sólo asomaron la cabeza cuando vieron que el barco de la izquierda hacía aguas. Eran unos buenos chicos que no mordían la mano que les daba de comer...pero ahora si. Ahora huelgas generales, exigencias de que se retiren los recortes y su puta madre.
No puedo dejar de acordarme de otro hijo de puta, que mientras que nosotros estamos con el agua al cuello, el vive de puta madre como si con él no fuera la cosa. Y es que la puta realidad es que con él no va la cosa. Ese Borbón, azote de elefantes y amigo de dictadores (y puesto a dedo por otro dictador). Ese Borbón que cada vez se le entiende menos cuando habla. Ese Borbón, rodeado de Borbonas y Borboncillos al que le costeamos sus vacaciones en Mallorca, su yate y sus cacerías que no tiene huevos de levantar la voz y que parece que quiere un pueblo hambriento y miserable, mientras a él no le toquen lo suyo. Ese Borbón y su yernísimo y delincuentísimo Urdangarín que se va a ir de rositas porque la justicia aquí no tiene credibilidad.
Y ahora vamos a meternos la mano en el pecho. Lo que está pasando en este país es, básicamente, culpa nuestra. Ellos, esos hijos de puta, están tranquilos porque saben que nada les va a pasar. Aprueban recortes brutales, nos humillan, nos condenan a la miseria con la tranquilidad de que lo más que vamos a hacer es una protesta pacífica...y así no vamos a ningún lado. Aunque yo sé, como vosotros sabéis también, que aquí sólo hace falta un chispazo para que todo arda. Aquí ya hubo un dos de Mayo y nos salió relativamente bien. Así que yo, si fuera ellos, no estaría tan tranquilo.
Ya sólo me queda decir una cosa a modo de despedida y cierre: hijos de puta, así vivierais cien mil vidas, nunca podríais pagar todo el daño que estáis haciendo ni todo lo que habéis destrozado. Hijos de puta. Hijos de la grandísima puta.

sábado, 14 de julio de 2012

Es la chica equivocada para ti

Enamorarse de la chica equivocada termina pasándote factura. Hay millones de chicas en el mundo y tú siempre tiendes a fijarte en las que menos te convienen. Ya sé que ella es la chica perfecta para ti, pero hazme caso, no te conviene. Sé que además de inteligente es preciosa. Quién no querría morder sus labios. Quién no mataría por agarrarla de la mano. De veras que te entiendo. Besar sus pómulos y sus párpados, enredarte los dedos con su pelo, quitarle las gafas despacio, poco a poco, clavarte en sus pupilas y echar su melena a un lado y morderle el cuello. Desabrochar con una mano su sujetador, mientras que entierras la otra mano entre sus muslos. Contemplarla mientras tiene la boca entreabierta y la respiración acelerada. Mirar como pone los ojos en blanco mientras tú la haces llegar, con la yema de los dedos, a las puertas del cielo para, acto seguido, besarla en la boca y notar que es verdad que justo después del orgasmo la lengua se pone fría. Fumar tumbado junto a ella, lanzando el humo al cielo como diciéndole a Dios: «¿Qué cojones me vas a contar de panes y peces y de muertos que echan a andar? Tenerla aquí a mi lado si que es un puto milagro.» Que se abrace a ti con fuerza, que acomode su cabeza en tu pecho, que entrelace sus piernas con las tuyas y que así se quede dormida. ¿Quién coño no va a querer eso?
Sé que la viste alzar el puño en alto y gritar consignas de izquierdas en una plaza cuando lo del 15 M. La viste acudir a todas y cada una de las asambleas que se celebraron en tu barrio. Tan hermosa y libertaria como la primavera de Praga. Te he visto perderte en el brillo revolucionario de sus ojos. He visto como se te cae la baba cuando a ella se le hincha la boca al hablar del Ché, de Sandino, de Allende, de Las Madres de la Plaza de Mayo, de Chiapas o del Frente Polisario. También, pillín, te he visto ir corriendo a la wikipedia cuando ella te hablaba de algo de lo que tú no tenías ni puta idea.
Creéme te entiendo. Pero esa chica no es para ti. Entre otras muchas cosas porque ya tiene quien le desórdene las sábanas cada noche. Ya hay unas manos, que no son las tuyas, que le bajan la cremallera del vestido a la misma vez que unos labios, que tampoco son los tuyos, le besan en la nuca. Esas manos son las mismas que le escribirán un te quiero en el vaho del cristal del espejo del baño mientras ella se ducha. Ya hay otra espalda en la que ella se atrinchera en las noches de tormenta. Ya tiene otros hombros en los que clava sus uñas en los momentos álgidos de la pasión, en esos momentos en los que deja el pudor tirado a los pies de la cama y se olvida de los remilgos y demás zarandajas y lo devora como debe ser.
Te entiendo y sé que te va a dar igual todo lo que yo te pueda decir. Sé que el día menos pensado, cuando a la cuarta ginebra se te borren los miedos, irás a buscarla. Te plantarás frente a ella y le soltarás todo lo que llevas callándote durante tanto tiempo. Quizás no seas capaz de mirarla directamente a los ojos. Quizás fumes un cigarro tras otro y estés nervioso y la voz se te quiebre de vez en cuando y te suden las manos y el corazón te lata como queriéndose escapar del pecho, como el rodoble de un tambor de guerra.
Ojalá cuando saltes al vacio ella te esté esperando al fondo de ese precipicio que es la realidad. Ojalá todo te vaya bien. Nada me gustaría más, en serio. Pero lo vas a tener jodido. Porque aún poniéndonos en lo mejor, esa mujer no te conviene. Le vas a echar un par de huevos, lo sé. Pero te aviso, no va a salir bien porque ella es de esa clase de mujeres de las que sin saber cómo todos los hombres se enamoran. Y siempre va a haber alguien al que a la cuarta ginebra se le borrarán los miedos y se plantará frente a ella esperando su respuesta como agua de mayo y le sudaran las manos y el corazón le latirá como un redoble de tambores de guerra y tu siempre tendrás el miedo de que ese otro tipo salte al vacio como tu lo has hecho y entonces ya no serán tus manos las que escribirán te quiero en el vaho del cristal del baño, ni bajarán la cremallera de su vestido y dejará de atrincherarse en tu espalda y se te borrarán las marcas de sus uñas de tus hombros.
Suerte y al toro, maestro, que yo te esperaré aquí, como siempre, al pie de esta barra. Cuando quieras, vienes y me cuentas cómo te fue. Para escribirlo, que últimamente ando corto de temas para el blog.