domingo, 9 de septiembre de 2012

La historia de P y J

P y J son pareja desde hace muchos años. Prácticamente no han tenido otras parejas. Son jóvenes y terriblemente felices. De tan felices que son juntos, dan casi asco. Se comen con los ojos, se buscan las manos cuando caminan, se ríen por las mismas tonterías. Son uno, indivisibles. P no se entiende sin J y J no existiría sin P. Los veo casi todos los días y parece que no pasase el tiempo por ellos. Los envidio. Yo nunca fui capaz de retener tanto tiempo a una mujer a mi lado. No sé cómo se lo montan pero son dignos de admirar.
J es preciosa, pequeña y menuda como la flor de un almendro. P es de esos tipos silenciosos y precisamente por todo lo que calla, es sabio. Juntos son la viva imagen de la felicidad. No tienen hijos (aún) pero tienen un perro, M. A veces me invitan a su casa a cenar y, mientras yo salgo a fumar al balcón con una copa del vino que compran expresamente para mi, los veo en la cocina, trabajando codo a codo, cómplices. Se pasan la sal o el vinagre y se rozan las manos. Sonríen porque a pesar de todo el tiempo que llevan juntos, siguen sintiendo el mismo pinchazo en el estómago. Salen de la cocina con la ensalada y el resto de la cena preparada y me llaman. Yo entro y me siento frente a ellos. Se vuelven a besar. Los maldigo en voz alta. La cena transcurre entre risas y bromas. Terminamos y llega el turno de las copas. Ginebra para J y para mí; ron con cola para P. Entonces es el momento de volver a preguntarles por enésima vez, cómo cojones lo consiguen. Cómo logran, a pesar de llevar más de diez años juntos, no cansarse el uno del otro. Les pregunto por el secreto. Por su secreto. Le pregunto a P cómo hace para no caer en la tentación de la infidelidad (porque P es un guaperas y ha tenido ofertas por las que más de uno daríamos la vida) Le pregunto a J si nunca se ha cansado de las manías de P. Ninguno de los dos sabe responderme. Qué no saben cómo lo hacen, dicen. Que sólo se trata de respetarse, de entenderse.¡cómo si eso fuera fácil!
Vuelven a desterrarme al balcón (porque son unos cabrones que no me dejan fumar dentro) y mientras saco el paquete de Chester, contemplo la noche que ya se ha hecho fuerte en la ciudad. Miro a lo lejos, las luces de la autopista. Paso la vista por todos los edificios: cientos de salones con cientos de luces encendidas a estas horas e imagino cuantas parejas estarán cenando en este preciso momento. Entonces pienso que quizás todos los polvos de una noche nunca llegarán a aportarme lo que J le aporta a P. Pienso que quizás debería echar el freno, dejarme de tantas noches, de tanto carmín. Quizás debería dejar de mentir (y de mentirme) y sentar la cabeza. Pero en ese preciso momento, suena mi teléfono. Una chica, a la que no recuerdo muy bien, quiere que nos veamos para tomar una copa dentro de media hora. Entro de nuevo al salón, con la urgencia de la excitación y me despido de P y J.
Los dejo a mi espalda, peleándose por ver quién saca a pasear al perro. Salgo del calor de su casa y vuelvo a enfrentarme, como tantas veces, a ese frío, cabrón y obsceno, tan característico de mis noches. Entonces, mientras atravieso con el coche toda la ciudad, desierta a estas horas, y Nacho Vegas y un acordeón moribundo me hablan del Ángel Simón, los envidio. Los envidio tanto que sé que por eso, esta noche voy a volver a acabar borracho.

4 comentarios:

  1. Yo también lo envidio, siempre he querido que mi vida fuera por ahí, mi hermana y su marido son una de esas raras parejas después de 27 años juntos, desde los 18 años, por lo que tengo un caso muy cerca, por cierto, curioso, no tienen hijos por elección propia, y ahí dejo la reflexión.

    No sé si es cuestión de suerte y casualidad, de conocer a la persona perfecta para ti, a algunos les ocurre y a otros por mucho que busquen no les sucede jamás, o si se trata que algunos somos más difíciles que otros para contentarnos o ser felices...joder! yo que sé!

    Muchos besos

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    1. Es que es complicado. Pero en ese aspecto soy positivo: siempre hay un roto para un descosido...lo jodido es encontrarlo.

      Un besazo!

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  2. Todo llega, es cuestión de paciencia y de saber estar atento, y no tiene por que ser otra persona, si no poder encontrarte contigo mismo y estar a gusto.
    Y mientras llega o no llega ese momento de sentar cabeza y ser pura tranquilidad, que te quiten lo bailado y las llamadas oportunas a media noche! Saludos

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    1. Sobre todo eso: que no falten las llamadas a media noche!

      Un saludo!

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