jueves, 20 de diciembre de 2012

No te vayas aún


              No te vayas aún, es demasiado pronto. Todavía no ha salido el sol y seguro que tiene que quedar algún bar abierto en la ciudad: busquémoslo. Tomémonos un par de copas más, hasta que estemos tan borrachos que se nos olvide porqué empezamos a beber. Bebamos más alcohol de garrafón sin que nos importe la resaca que mañana amenazará con reventarnos la cabeza. Que esa camarera tan rubia, tan guapa y tan gilipollas, nos sirva más ginebra, hasta que nuestro aliento se vuelva inflamable, hasta que no nos entendamos al hablar, hasta que no te dé reparo quitarte la falda.
              No te vayas aún que, aunque no te voy a jurar amor eterno, esta noche estoy loco por ti. Que me has trastocado, que no te buscaba y te he encontrado, que necesitaba escuchar mi nombre en los labios de otra mujer. Que me has recordado a otra mujer que algunas noches bebió conmigo, que coges el cigarro como ella y te ríes igual y miras de la misma forma y el escote de tu camisa se parece tanto a los escotes que una vez llevó ella. Y eso no es malo, créeme. No te comparo con ella ni la busco a ella en ti, es sólo que me la recuerdas.
              No te vayas aún. Sigue hablando de lo que quieras, por ejemplo: dime qué te trajo hasta este bar de mala muerte. Dime qué hacías bebiendo sola. Dímelo porque si no lo haces, me voy a inventar tu historia: pensaré que estás como yo bebiendo para olvidar, para cicatrizar heridas. Voy a pensar que alguien se marchó de tu vida por la puerta de atrás. Déjame que piense que el tipo se parecía a mí. Deja que piense que estás buscando los restos de su mirada en el fondo de mis ojos. A mí no me importa. Con tal de que sigamos lo poco que queda de noche juntos, me da igual. Si tú quieres puedo ser el tipo que te dejó, puedo ser aquél que nunca compartió la cama contigo, puedo ser lo que quieras. Puedo ser la ventana al mundo de tus fantasías.
           Pero no te vayas aún, no me jodas. Deja de mirar el maldito reloj. No me vengas con esa estupidez de que eres una chica formal. Olvídate de eso: no sé qué cojones tendrá que ver la formalidad con esto. Aventurémonos en la noche, ya cadáver de un martes de diciembre, y caminemos sin prisa. Aprovechemos los semáforos en rojo para besarnos. Si lo prefieres, podemos parar un taxi y que nos lleve a donde quiera. Los dos sabemos desde el principio que sólo se trata de seguir bebiendo y de terminar la noche juntos. Se trata incluso, si quieres, de drogarnos un poco, lo justo para vernos más guapos y creernos más simpáticos de lo que en realidad somos. Se trata, en definitiva, de convencerte para que me dejes follarte hasta las entrañas, como si no hubiera un mañana, como si no fuéramos a follar nunca más.
           Voy a tomarme este beso, húmedo, lascivo y caliente, como un «de acuerdo». Así que ahora, vete al servicio y toma, ponte dos rayas, que yo iré pidiendo la cuenta y llamando a un taxi.

4 comentarios:

  1. Me dejo un sabor amargo la historia, tiene un trasfondo muy triste, como un quiero y no puedo y esto es lo que hay y me valdría el mismo diablo...
    Aun así emociona, explicas muy bien las sensaciones y los sentimientos y me parece una pasada.
    Un besito y felices fiestas Álvaro!

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    1. Tienes mucha razón: al protagonista le vale cualquiera y claro, eso es triste. Pero quizás esa tristeza, es la que él busca. Hay quien se siente cómodo entre el fracaso y casi podría decirse que lo busca.
      Un saludo y espero que hayas tenido una buena entrada de año. Besos!

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  2. hummm! es curioso, si a mi alguien me recordara al último cabrón que me hecho daño huiría como de la peste de forma instintiva, en lugar de atraerme me repelería, sin ser consciente cada vez que me ha ocurrido algo así penduleo y pendoneo al lado contrario, buscando el perfil completamente diferente.
    El relato como siempre, una maravilla, la resaca al día siguiente repugnante.
    Besos

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    1. Muchas gracias, Inma. Me alegro de que te haya gustado.
      Estoy contigo: la peor de las resacas es la resaca moral del día siguiente. Es jodido el momento de despertarse y hacer repaso de lo vivido esa noche. O mejor dicho: de lo que puedas recordar de esa noche...
      un besazo!

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