jueves, 16 de mayo de 2013

Bajo la bandera de Darío


              Es tu espera mi espera. Tu angustia, tus desvelos y tus miedos (obviamente a otro nivel) también fueron los míos. Pero ahora que ya ha pasado lo peor, esperas, con la ilusión desbordándote los ojos, que pasen estos nueve meses. Nueve meses tan sólo, de los que ya han pasado unos cuantos, y sabes que llegará para el otoño, pequeño, frágil y hermoso como sólo un bebé puede serlo, la revolución a tu casa.
              Yo, que tan lejos me veo de traer al mundo una nueva revolución, la hago mía. Sueño contigo y con él, porque a estas alturas ya sabemos que va a ser él, de tu mano, con el ruido subversivo de su llanto. Quiero que llegue ya ése día en el que te vea radiante y emocionado, cogiendo en brazos la única herencia valiosa y realmente importante que le vas a dejar al mundo.
           Espero, sueño y reviento de ganas por verte empujar el carrito, orgulloso. Me gusta imaginarte tumbado en el sofá negro de tu casa con su diminuto cuerpo a medio dormir sobre el tuyo, con poca luz, mirando como se mete el puño en la boca, con su olor impregnando cada resquicio de tu casa, comiéndose la habitación con esa curiosidad silenciosa que tienen todos los bebés.
           Dejando a un lado todo eso, hay algo que admiro y es la valentía que tienes. Corren tiempos jodidos, tú lo sabes bien, y aún así vas a traer una nueva criatura al mundo. Quizás ese niño traiga la esperanza bajo el brazo. Quizás él sea el que nos saque de toda esta mierda, él y su generación. Para mí será inevitable mirarlo a los ojos, cuando duerma dentro de su cuna, y decirle lo siento, te fallamos. Porque es así: a tu hijo, y a todos los hijos que van a nacer ahora, les hemos fallado. Nosotros, y nuestros padres, les hemos fallado. No hemos sabido construirle un mundo mejor. No hemos sabido acabar con los peligros que le van a acechar detrás de cada esquina a lo largo de toda su vida. Será por eso que tendrás que ir con cien mil pares de ojos. Dicen que nuestra generación es la «Generación Perdida» pero fíjate que aún no ha nacido y ya tienes el hilo que te saque del laberinto; ya tienes la auténtica razón para encontrarle sentido a la vida, para morder, para sacar las uñas, para enfrentarte de verdad al mundo. Bajo la bandera de Darío, vas a luchar como nunca lo has hecho. Y yo que tan sólo seré su tío postizo (si es que tú y tu mujer me lo permitís), me uno a tu ejército de dos. Hago mía tu guerra y te juro por todos los dioses que no existen que, aunque tenga poco que dar, no le va a faltar de nada.
           Cuento los días que faltan, te lo juro, amigo, para poder sostenerlo entre mis brazos y poder decirle «tus padres fueron valientes y le echaron muchos cojones contigo» y me regañareis, como es normal, por decir tacos delante del niño.

4 comentarios:

  1. Te diría mucho, pero supongo que así, sin más, sonaría falso... Así que digo lo de siempre: me encanta.

    Un saludo

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  2. Gracias, de verdad, Telma. Aunque siempre te digo lo mismo, pero gracias por leerme. Me alegra saber que te gusta lo que hago.

    Un saludo.

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