jueves, 28 de noviembre de 2013

Consciencia y realidad



              Soy consciente de que llegará el día en que todo esto se habrá ido a tomar por culo. Más tarde que pronto. Quizás cuando no nos lo esperemos. Quizás en el mejor momento. Pero mientras tanto. Mientras resistimos, habrá que aprovecharlo.
              Soy consciente de que llegará el momento en el que tendré que mirar para otro lado cuando tu teléfono suene de madrugada y tú te vayas a la cocina a responder. Sé que habrá un momento en el que me mentirás y dirás que estás con tus amigas cuando en realidad no es así, sino que habrás ido, yo que sé, a ese hotel de las afueras, discreto y económico, que una vez yo también frecuenté. Te atenderá aquel recepcionista gay que tanto se parece a Errol Flynn. Cogerás la llave de la habitación y te temblarán las manos. Subirás con él en el ascensor, os besaréis, él te sobara el culo como tantas veces lo hice yo. Llegaréis a la habitación y te quitará la ropa, saltará sobre ti, te morderá y follaréis y tu pensarás en mí y te sentirás culpable.
              Soy consciente de que lo nuestro tiene fecha de caducidad, por eso mientras llega la tormenta, mientras llega ese maremoto que hará que se resquebrajen por enésima vez los cimientos de mis sueños. Antes de que huyas (o de que huya yo), antes de que llegue el tiempo de los reproches y las discusiones. Antes de todo voy a disfrutarte. Vamos a expropiar una botella de vino de cualquier supermercado y nos vamos a perder por los callejones del Sacromonte, nos vamos a sentar en un mirador de esos que muy poca gente conoce y nos la vamos a beber a morro, mientras La Alhambra nos mira y se muere de envidia. Voy a aprovecharte y vamos recorrer las calles de esta ciudad, parándonos en cada esquina a comernos la boca y los sueños. Vamos a meternos en cualquier portal y vamos a subir al último piso y allí, clandestina y secretamente, nos vamos a sentar en el último peldaño de las escaleras y voy a enterrar mis manos entre tus muslos. Voy a acariciarte por dentro despacio, sin dejar de mirarte a los ojos. Voy a morderte la boca, el lóbulo de la oreja, el cuello. Luego tú te vas a sentar a horcajadas sobre mí. Vas a mover tu cintura, trazando círculos imposibles, y yo voy a empujarte hacia arriba con las caderas para que notes bien como todo va creciendo.
           Soy consciente de que la pasión se acaba. Esto que ahora estamos viviendo sabemos bien que es mentira, que estamos distorsionando la realidad. Nos engañamos, haciéndonos creer que somos felices y nos perdonamos los defectos. Ahora no importa si yo fumo demasiado o si tú hablas a gritos; ahora da igual si yo dejo siempre la ropa tirada por el suelo o si tú te pasas las horas muertas pegada al teléfono cotilleando con tus amigas. Ahora, que llevamos tan poco tiempo juntos que todo nos sorprende, no nos vemos las miserias. O no queremos verlas. Pero llegará un momento en que empezarán a salir a flote. Habrá un momento en el que—igual que el mar, tarde o temprano, acaba devolviendo los cadáveres a la orilla— todo salga a flote. Que reluzcan nuestros defectos. Entonces será el momento de sentarnos frente a frente, sabiéndonos vencidos, y de sentir que ha llegado la hora del «tenemos que hablar». Y así, con una nueva cicatriz ardiéndonos en el pecho, volveremos otra vez, a encontrarnos cara a cara con la puta realidad.

lunes, 11 de noviembre de 2013

El primer adiós


              Sé que estas jodido, muy jodido. Lo he visto en tu cuenta de Twitter. Hablas de que esto es lo más parecido a la muerte, que sin ella no vale la pena vivir. Dices que nunca vas a conocer a otra mujer como ella. Escribes como si vinieras de vuelta y sólo tienes dieciséis años. Pero lo peor de todo es que puede que lleves razón.
              No voy a revelarte ningún secreto ni voy a darte ningún consejo, solo voy a opinar de lo que veo desde fuera. Llevas razón, colega, tu situación es para estar jodido: esa niña es canela en rama. La he visto en las muchas fotos que subiste. He visto como te miraba, como enroscaba sus brazos a tu cintura y como apoyaba su cabeza en tu hombro. He visto algunas de vuestras escenas cotidianas y, créeme colega, es normal que pienses que este adiós es el fin.
              Pero mucho me temo que este adiós que para ti es como un descenso a los infiernos, es sólo el primero de los muchos adioses que con los que vas a tener que bregar toda la vida. Que sí, que te entiendo, que esa niña no era como ninguna otra que has conocido, que después de ver tu reflejo en los ojos azules de ella ahora todos los ojos te parecen vacíos; que sí, que después de haber mordido su boca que sabía a fruta madura, crees que ese sabor no lo vas a volver a encontrar en toda la vida; que sí, que has caminado con ella de la mano y la has besado; que sí, que con ella descubriste el calor de otra piel desnuda contra la tuya y el éxtasis y el cloroformo del placer; que sí, colega, que te entiendo.
              Así que, porque tú me lo pides y porque me reconozco en tu dolor, te diré que ojalá este sea tu primer y último adiós; pero lo siento colega, este carrusel, que es la vida, sigue girando y aunque otras vendrán que también te querrán, que apoyarán su cabeza sobre tu hombro, que te cogerán de la mano cuando salgáis del cine, que te taladrarán el alma con el punzón de sus ojos azules, también habrá otras que te herirán, ya te lo digo de antemano, que jugarán contigo, que se reirán de ti. Incluso habrá algunas que serán unas hijas de puta, vete haciendo a la idea.
              Pero aún y con todo, merecerá la pena: haberla tenido, besado y amado y haberla perdido vale más que no haberla tenido (eso no es mío, creo que lo leí en algún lado o quizás sea la letra de una canción de Alejandro Sanz o de Alex Ubago, pero viene que ni pintada aquí). Así que venga, levántate y sécate esas lágrimas, joder. Sal a la calle con la cabeza alta y siéntete orgulloso de esa primera cicatriz. Lúcela con orgullo, como un viejo soldado que vuelve de la guerra. Ya has aprendido que las mujeres pueden ser igual de canallas que los hombres. Has aprendido de paso, que todo esa mierda del amor eterno es mentira: el amor sólo es eterno en las canciones y en los cuentos malos y en las películas de Sandra Bullock. Cuanto antes lo asumas, mejor para ti.
              Igual todo esto te parece duro, colega, y no es lo que querías oir. Igual debería haberte mentido y haberte dicho que todo va a ir bien, que no pasa nada, que las vas a recuperar y que vais a ser la hostia de felices juntos. Si eso es lo que quieres oir, si no quieres darte cuenta de que el amor, al igual que la vida, es una lucha constante donde los tipos como tú y como yo siempre perdemos, espera, que te voy a contar también otro cuento de hadas, unicornios y duendecillos mágicos.