lunes, 24 de marzo de 2014

Los poetas de los bares

Algunos bares de madrugada están llenos de poetas. Las barras de zinc, mármol o madera,  sirven de trinchera desde la que últimamente, demasiados noctámbulos ocasionales, disparan con versos de fogueo. Versos vacíos que ni siquiera son versos. Ripios horribles adornados con alcohol. Igual yo no soy tan distinto de ellos. Igual yo soy lo mismo de impostor. Igual todo en mí es una pose, como lo es en ellos, que siempre tienen una rubia con la que compartir la cama, una copa a medio beber, un canuto ardiendo en los labios y un fracaso que contar.
Igual yo también he hecho de este oficio una mentira. Igual la necesidad de contar ha sido superada por la necesidad de reconocimiento. Igual ya no me satisface por igual terminar una historia y releerla mientras me fumo un cigarro con el honor del deber cumplido. Igual ahora necesito que me reconozcan en los bares, exhibirme como un monstruo de feria, venderme por cuatro duros como una puta. Igual ahora no se trata sólo de escribir, sino que se trata de saber de marketing, de tener miles de followers. Será por eso que los bares comienzan a llenarse de poetas, pero yo nunca los veo.
A veces miro mi cartera, llena de telarañas y de sueños rotos, y pienso en los grandes. Pienso en Miller, en Carver, en Kerouac, en el viejo Bukowski. Luego los veo a ellos, que pululan como mariposillas por los bares, de mesa en mesa, de grupo en grupo. A veces son ellos mismos los que se alimentan los unos a los otros con aquello del “qué bueno lo tuyo”. Afino el oído, ejerzo de cotilla, y nunca les oigo una crítica. Todo es genial y somos los mejores y si no publico es porque no comprenden mi arte o porque el mundo editorial es una mafia (que no seré yo el que discuta sobre el mafiazo del mundo editorial).
Más de una noche he sentido que el tonto soy yo, por no prestarme al juego. Por no saber venderme tan bien como lo hacen ellos. No tengo el ego tan grande como para pensar que yo soy mejor: soy el primero que sabe de mis limitaciones. Sé que tengo faltas de ortografía, que por más que corrijo siempre hay una cabrona que se escapa. Sé que siempre escribo en los mismos paisajes, a las mismas mujeres. Pero sí hay una diferencia: nunca me he arrimado, ni lo haré, al sol que más calienta. Nunca he hablado con quién no he querido, nunca he dado a un abrazo a una persona a la que realmente no le haya tenido afecto. Aunque ese abrazo sea la diferencia ente publicar en tal revista o en tal antología. Será por eso que me empiezan a cansar ciertos bares de madrugada.
Igual esto que escribo es una gilipollez y yo sea igual que ellos y también desgasto el verbo follar de usarlo una y mil veces. Pero creo que el problema está en perder la perspectiva y confundir todo ese circo de egos y de vanidad con la literatura, con la poesía, con el arte (que, repito, con total seguridad yo tampoco tengo) de escribir.
Igual es el momento para empezar a cambiar de bares.

8 comentarios:

  1. No sé como he llegado hasta aquí pero he llegado que es lo importante.

    Yo hace relativamente poco que empecé a recitar en bares en ciertas jams, porque necesitaba soltar cosas, nunca lo he hecho con un afán de notoriedad. Para mí las letras siempre fueron una necesidad. He visto las mismas cosas que tú cuentas y también he sentido que tal vez, soy yo el que está equivocado si tantos lo hacen y no pasa nada.

    Poca gente me llega, pero tal vez yo tampoco esté llegando a mucha gente. La mayoría de los que me llegan son los que al terminar de recitar bajan la cabeza y se van hacia la barra huyendo de las multitudes y los grupos. Jamás o muy pocas veces les he visto recibir halagos de ningún tipo.

    Nunca he sabido venderme, tal vez porque convertir lo que me sale del alma en un producto me da muchísimo reparo.

    Un saludo y gracias por la reflexión.

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    1. Aquí no trato de demonizar a todo aquel que recite en un bar. Estoy seguro que ha de haber honrosas excepciones. Lo fundamental es quedarse, como tú bien dices, con el que te llegue.
      Un saludo!

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  2. Pocos son los que deciden y consiguen no venderse. Olé tú! y espero que siga siendo asi para siempre. Me has recordado con este texto a una de las canciones de Silvio Rodriguez que dice: Será que la necedad parió conmigo, la necedad de lo que hoy resulta necio, la necedad de asumir al enemigo, la necedad de vivir sin tener precio...

    Un abrazo

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    1. No me gustaría que se confundiera lo de "no venderse" con no ver recompensado económicamente tu trabajo. Creo que todos los que escribimos, cuando hacemos de esto nuestro oficio, obviamente queremos cobrar nuestras publicaciones. Para mí venderme, imagino que para ti también, es otra cosa: básicamente, no entrar en su juego.

      Un fuerte abrazo!

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  3. Bueno , no conozco esos bares, pero será porque salgo poco, ¡ya me gustaría ya!, pero eso que cuentas debe ser bonito, tomarse unas cañitas escuchando poesía. Aunque lo que dices también es muy cierto, al igual que en todos los sitios, (el que sabe vender , vende, y el que tiene "amigos" vende y el que puede comprar, vende y el que se vende ya esta en el mercado o algo así, particularmente no me interesa el precio de un escrito o escritor, sino lo que cuenta y como lo cuenta, Por eso, con tu permiso me quedo por aquí. Un saludo

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    1. Hola, Marina! Encantado de que te quedes por aquí, espero que te sientas cómoda en la barra de este bar.
      En principio, sobre el papel, lo de ir a un bar y escuchar poesía mientras te echas una copa está de puta madre. La lástima es todo lo que envuelve ese acto: el amiguismo, el falserío, la poca humildad y sobre todo la falta de autocrítica.
      Un saludo y, lo dicho, encantado de que te quedes por aquí.

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  4. Amén señores. Yo, la verdad que por aquí no me encuentro mucho de eso. Sí de personas que se califican como "poetas" y a mí, me parece que ese término se le queda tan grande a tantos...Y ojo, que hay gente que lo hace muy bien hoy en día, pero que putada que la poesía se haya puesto de moda. Sin más. Un abrazo.

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    1. Yo, de entrada, recelo de todo aquel que se me presenta como "soy fulanito, poeta". Me ha encantado lo de qué putada que la poesía se haya puesto de moda. No podría estar más de acuerdo.
      Otro abrazo para ti.

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