lunes, 13 de abril de 2015

Algún día

            Hace un frio de cojones. El viento helado de la madrugada corta como un bisturí y aún así, ella sigue a lo suyo: a enseñar lo poco que consigue ocultar su minifalda. A veces, cuando un coche aminora y pasa casi deslizándose como una serpiente junto a ella, se abre el abrigo y muestras sus pechos. Entre cigarro y cigarro, masca chicle. Juguetea con él en la boca, de vez en cuando hace una pequeña pompa que estalla en sus labios. Entonces recompone la goma con la lengua y vuelve a hacer otra. Así va pasando la noche. Las calles del polígono industrial a estas horas están desiertas: sólo ellas y los clientes que acuden a buscarlas. En la calle paralela a la que ella se trabaja, están las rumanas, con sus chulos; las travestis están junto a una vieja fábrica de ladrillos y al fondo del todo, pegando a la autopista, las africanas. No se mezclan y apenas hablan entre ellas. Algunas han hecho un par de hogueras para combatir el frío.
            Pasa casi media hora hasta que aparece un coche, un Renault Megane. La música atronadora y hortera delata que en su interior irán un par de niñatos. Ya está curada de espantos y sabe lo que hay. Llegan hasta ella, bajan las ventanillas y empiezan las risas, los comentarios soeces, los insultos. Ella, que se ha dado la vuelta al verlos llegar, aguanta estoicamente. No hay noche que no venga un grupo de gilipollas como esos. Aguanta, aprieta los puños presa de la rabia. Ya no tiene miedo: lo perdió en la quinta paliza que le dieron en Madrid cuando se hacía el Parque del Oeste. Sabe que este mundo de mierda es así, que está sola, que nadie va ayudarla. Al menos, el café que le dieron los de la Cruz Roja hace un par de horas le ha ayudado a calmar algo el frío.
Ahora un Citroen C4 negro se para frente a ella. El conductor, un tipo muy flaco y muy feo, baja la ventanilla y le pregunta algo. Se acerca dispuesta a venderse y responde mecánicamente lo de siempre. El tipo del coche regatea. De veinte euros que ella le pide, el cabrón dice que sólo le da diez. Ella ni contesta; se aparta del coche y vuelve a la acera. Entonces le dice que sí, rubia, que venga, que veinte euros. Y ella se gira, despacio, y camina hacia el coche como una condenada a muerte. Mientras se dirigen a un callejón oscuro y apartado, ella no habla; sólo mira por la ventanilla. La madrugada vista con sus ojos indios, no tiene nada de misterio ni de romanticismo. El coche y el tipo huelen mal, a sudor rancio. Él intenta hacerse el gracioso, pero ella ni sonríe ni contesta.
Llegan a su destino. Detiene el vehículo y pone el freno de mano. Todo afuera es oscuridad. Ella se gira por primera vez hacia él y tiende la mano, esperando su dinero. El tipo saca un billete pero cuando ella lo va a coger, lo retira a la vez que una sonrisa siniestra amanece en su rostro y le dice “pórtate bien, rubia”. Ella descubre que el aliento le huele a alcohol y siente asco. Mucho asco. Traga saliva. Mentalmente reza una oración, se maldice. Maldice su perra suerte, maldice al tipo que la mira como si fuera carne. Algún día se acabará todo esto, piensa mientras se remueve en el asiento del copiloto. Algún día dejará esta vida que no es vida. Algún día dejará de mentir a sus hijos y regresará a su país y volverá a ser feliz. Algún día despertará de este mal sueño.

Hunde la cabeza en la entrepierna del tipo, que le ha puesto sobre la cabeza una mano para indicarle el ritmo que ha de seguir. Ella siente la presión de esa mano en su cabeza y no puede evitar que una lágrima furtiva, oscura como la madrugada que araña los cristales del coche, ruede despacio por su mejilla hasta llegar a su boca. La lágrima, salada, sabe más amarga aún mezclada con el sabor de su saliva y del látex del condón. Algún día, repite para sus adentros. Algún puto día.

2 comentarios:

  1. Descrita con la precisión quirúrgica de un bisturí, con un contenido social muy interesante, real y de dureza y sensibilidad extremas.

    Un saludo Álvaro!

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    1. Me gusta retratar ese lado de la vida que, por norma general, se queda al margen. Me alegra que te haya gustado.

      Un saludo, Sofya!

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