martes, 12 de mayo de 2015

Ese momento

Ese momento en el que dejo de besarte el cuello y mis manos bajan bordeando la costa de tu cintura; y el tic tac del reloj se detiene; y tu respiración, poco a poco, se va a acelerando.
            Ese momento, en el que hinco las rodillas en el suelo y tus bragas están a medio quitar, justo a la mitad de tus muslos, y frente a mí se descubre tu sexo, que brilla, que palpita, que me reclama con la insistencia que da la lujuria.
            Ese momento, en el que yacemos como dos árboles vencidos sobre la cama, desnudos, impúdicos, y nuestras ganas ya no entienden de pudor ni de remilgos. Ese momento en el que nos olvidamos de las buenas maneras y nos convertimos en dos animales salvajes, sucios y perversos.    
            Ese momento en el que todo es saliva y aullidos y tienes el rímel corrido, el pelo revuelto y la piel marcada. Nos devoramos a la vez, hambrientos de sexo porque en ese momento no hay nada prohibido entre nosotros. Vamos alternando la dominación y la sumisión, el placer y el dolor, el ritmo frenético de la excitación y la pausa en el momento justo. Recorremos juntos el camino que nos lleva a la locura.
Ese momento en el que no podemos más y nos dejamos ir. Nos abandonamos al placer y sabemos que ya no hay vuelta atrás, que no tenemos escapatoria. Ese momento en el que se nos queda la mente vacía y nos apretamos más, como las piezas de un puzle tan lascivo como hermoso. Ese momento en el que todo termina en un gran Big Bang en blanco que dura casi un minuto, en el que nos convulsionamos como dos peces fuera del agua, regando de vida la cama.
            Ese momento en el que cojo de la mesilla de noche el paquete de tabaco y me enciendo un cigarro, aún con la boca sabiéndome a ti. Ese momento en el que como un dragón exhausto lanzo el humo por la boca y te miro, desnuda, sudada, cansada y perfecta. Ese momento en el que todavía tienes restos de vicio en la mirada y resoplas y sonríes y te levantas de la cama para ir camino del servicio y tu culo baila al compás de tus pisadas.

            Ese momento, ese jodido momento, es, sencillamente, lo que llaman vida.

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