jueves, 17 de septiembre de 2015

Instrucciones para desnudar a una mujer

Plántate frente a ella, en el dormitorio, y mírala a los ojos. Sonríele. Primero, quítale las gafas de pasta negra y ponlas sobre la mesita de noche. Agarra el coletero que amarra su pelo y deslízalo con suavidad hasta que quede libre su melena. Ahora, apártale el cabello de los hombros y deshaz el nudo del pañuelo que abraza su cuello. Déjalo caer con suavidad sobre la cama. Invítala a que levante los brazos, como si quisiera tocar el techo y busca el sur de su jersey. Agárralo y súbelo despacio hasta liberar su cabeza y sus brazos. Ponlo sobre la cómoda, ya habrá tiempo de doblarlo y ponerlo en el armario.
Es el momento de las piernas. Desabrocha el primer botón. Quizás en esta parte, si a ella le gusta llevar pantalones ceñidos, tendrá que aguantar la respiración y meter barriga. Una vez abierto el primer botón, repite la misma operación con los dos restantes. En este punto ya tendremos a la vista su ropa interior: olvídala de momento. Aunque esas braguitas negras, casi transparentes, pidan a gritos otro tipo de acción. Antes de seguir con el pantalón, es preciso quitarle los zapatos. De no hacerlo, nos encontraríamos con que los pantalones no saldrían y la comicidad de la escena le quitaría la esencia a nuestro objetivo. Una vez con los zapatos fuera de plano, y con los tres botones abiertos, siéntala en la cama, pídele que estire las piernas y, cogiendo el pantalón de los bajos, tira hacia ti con la fuerza justa y necesaria para que resbalen y quede expuesta ante ti la belleza soberbia e infinita de sus dos piernas. Aprovecha ahora y quítale también los calcetines. Ya sólo le queda una camiseta blanca, el sostén y las braguitas. Repite los pasos para quitar el jersey, con la camiseta blanca. Ha llegado el momento de la verdad. Ante ti tienes su sujetador. No te preocupes, no te pongas nervioso que no es tan difícil como pudiese parecer. Esos malditos corchetes no van a poder contigo. Un inciso: podrías desabrochar los corchetes sólo con una mano —en serio—, pero para eso se requiere algo de práctica, así que vamos a ver cómo se quitaría el sujetador con las dos manos. Rodéala con tus brazos y busca los corchetes de marras, normalmente son dos puestos en paralelo. Es importante saber en este paso que la acción sólo la ejecuta una mano. Es decir, con una mano sujeta firmemente uno de los dos paneles posteriores, concretamente el que tiene el corchete, digamos hembra. Ahora empuja el otro panel posterior hasta sacar el corchete macho de su emplazamiento. Listo, así de fácil. Ahora deja caer de los hombros, como un árbol talado, los tirantes del sujetador y libera los dos pechos de su prisión de tela. Admira la perfección de la obra.
Por último, pon tus dedos sobre la cintura de las bragas y poco a poco —esto es muy importante—, muy poco a poco, saboreando el momento con los dedos, comienza a despojarla de su ropa interior. Bájalas por los muslos, continúa hasta las rodillas, a estas alturas, las bragas ya deberían haberse enrollado sobre ellas mismas, convirtiéndose en un perverso ovillo de lujuria. Continúa bajándolas por las pantorillas y sácalas por los tobillos, hasta quedarte con ellas en tus manos. Ahora el crespón de luto de su pubis, está a la intemperie. A tu vista. A unos centímetros de tu cara.

Ya está desnuda, magníficamente desnuda. A partir de este momento, lo que hagas, amigo mío, es cosa tuya.